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¿Por qué es necesario que las ciudades se vuelvan sustentables?

Los crecimientos urbanos que se esperan para 2030 obligan a pensar qué tipo de viviendas serán necesarias para albergar a todos, sin descuidar el planeta.

Según diferentes informes, se estima que para 2030 se necesitarán 260 millones de nuevas viviendas urbanas. Entonces, no resulta ilógico preguntarse cómo deberían ser esas construcciones para asegurar el derecho a la vivienda, pero también para ser amigables con nuestro entorno natural.

En materia de volumen de construcción, para 2030 éste crecerá 15,5 trillones de dólares en el mundo, liderado claramente por tres naciones: China, Estados Unidos e India, que llegan a acaparar el 57% del mercado. Por otra parte, si ponemos el foco en Argentina, se sabe que para el 2025 tendrá un crecimiento poblacional que rondará el 16%, y esto impactará directamente sobre el sector inmobiliario y en el entramado social de las ciudades. Por todo esto es preciso diseñar la experiencia de vivir en una ciudad, desde qué tipo de transporte es necesario hasta descentralizar los puntos de mayor afluencia para generar un movimiento homogéneo en el mapa urbano.

Para ahondar en cómo las construcciones dejan su huella en el ambiente se puede comparar la cantidad de dióxido de carbono que emiten los edificios y las industrias medidos por sector. Sorprendentemente, mientras los primeros descargan un 40% a la atmósfera, las segundas sólo lo hacen en un 28%.

El mencionado dato no sorprende a los más jóvenes, que son conscientes de la problemática del techo estable, por eso el 39% de los millennials afirman que prefieren pagar una suscripción que les permita mudarse en la zona por ellos elegida que firmar un contrato de largo plazo. Es decir, ya están pensando en la propiedad de un modo colectivo.

Al mismo tiempo, exigen construcciones sustentables, pero no solo por tener atomizadores de agua en los grifos, sino que demandan un proyecto que sea 100% pensado desde su impacto. Así, incluso, tienen en cuenta la compensación de la huella de carbono en su accionar cotidiano, y por eso valoran detalles como las terrazas o muros verdes, la recolección de agua de lluvia, la reutilización de las aguas grises y el que la climatización de los ambientes haya sido tenida ya en cuenta desde la orientación del edificio o casa.

Por todo esto es preciso pensar qué tipo de ciudad necesitamos y cómo queremos construirla, para generar ambientes sanos para el planeta, pero también para nosotros, sus usuarios, que veremos mejorada nuestra calidad de vida: tanto en lo social, como en la salud y en lo productivo.

Fuente: Ámbito

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